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  Internet y las revistas médicas
 

 

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Revista Electrónica de Medicina Intensiva
Artículo nº S6. Vol 3 nº 2 / S1, febrero 2003.
Autor: Ramón Díaz Alersi

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Internet y la evolución de las revistas médicas

Hace cinco años, BMJ publicó un artículo haciendo unas predicciones sobre cómo Internet cambiaría el futuro de las comunicaciones científicas (1). Las potenciales ventajas de las publicaciones electrónicas son tantas que, hace pocos años,  se llegó a pronosticar el fin de las revistas médicas impresas (2). Exactamente hace cinco años, en un artículo publicado en el BMJ las predicciones eran las siguientes:

  • Los artículos serían documentos vivos, continuamente modificados, sin llegar nunca a alcanzar una “versión final”.
  • Los artículos en línea serían un perfeccionamiento de los artículos en papel.
  • Los enlaces de hipertexto proliferarían enormemente.
  • Los artículos estarían disponibles en formatos diferentes y con diferentes niveles de complejidad.
  • La revisión por pares cambiaría a una revisión abierta o semi-moderada.

En otro artículo, publicado este año (3), la revista revisa el grado de cumplimiento de esas predicciones, el cual ha sido bastante pobre. Desde luego ninguna revista médica importante ha desaparecido, pero es que además, predicciones que parecían evidentes, como la de que los artículos serían documentos vivos o que tendrían diversos niveles de complejidad, se han cumplido en pocos casos. El libre acceso a la información, otra esperanza bastante generalizada entonces, está muy lejos de haber sido satisfecha, si bien en este caso la frustración ante el fracaso de un objetivo que se podría haber alcanzado, ha dado lugar a la aparición de grupos de presión ante la conciencia de que la información científica es necesaria y puede hacerse llegar a todas partes (4, 5).

Pero quizás las previsiones sólo hayan fallado en el plazo y terminen por alcanzarse e incluso superarse como muchas otras veces ha ocurrido. La causa del fallo no está en Internet, como lo demuestra el surgimiento de revistas electrónicas nuevas (6, 7), sin soporte en papel, y de otras formas de diseminar la información como los congresos virtuales (8) y las listas de distribución (9). Estas nuevas formas de comunicación están generando esos documentos vivos predichos por el BMJ hace cinco años.

A todo movimiento se opone una resistencia, tanto mayor cuanto más cambio cause. Internet, a pesar de su difusión y de la rapidez de su implantación y a pesar de su aceptación en ciertas capas de la sociedad, ha generado un cambio tan importante que está resultando difícilmente aceptable para muchos. Las revistas médicas más importantes tienen ya su versión electrónica y muchas de ellas publican artículos en ella antes de su impresión. La versión electrónica, con su capacidad ilimitada, también da una mayor importancia a la sección de cartas al director. Sin embargo, no ha habido tiempo para adaptarse a las nuevas posibilidades, así, las publicaciones tradicionales siguen siendo periódicas, incluso en su versión electrónica y la mayoría no han podido o no han sabido adquirir los mecanismos necesarios para tener una difusión gratuita sin perder ingresos.

Las dificultades que plantea el cambio pueden hacer que en el futuro haya un surgimiento de nuevas revistas y de otros tipos de publicaciones, todas exclusivamente electrónicas que pueden llegar a competir con las de formato tradicional. Para ello solo hay actualmente un obstáculo probablemente, la credibilidad. No sólo son las revistas las que tienen una enorme inercia ante el cambio, también la tienen los investigadores consagrados. A pesar de las evidentes ventajas de publicar en Internet (especialmente la de seguir siendo dueño del propio artículo y poder modificarlo las veces que sean necesarias), es difícil que autores cuyos trabajos son aceptados habitualmente en revistas de primera línea opten por publicarlos electrónicamente. Debido a eso, los autores que publiquen de esta manera serán relativamente jóvenes o desconocidos.

Esto nos plantea el problema de la credibilidad (10), evidentemente no nos fiamos igualmente de un trabajo publicado en una lista de distribución (aunque en ella participen figuras reconocidas de la especialidad) que de otro aceptado por una revista de gran impacto. La proliferación de este tipo de artículos hace por otra parte que hoy día estemos expuesto a una cantidad de información, no verificada de antemano, muy superior a la de hace unos años. Este problema puede ser abordado de varias formas y algunas de ellas ya se han puesto en práctica: la adscripción a un determinado código de conducta (11, 12) y el sometimiento a una verificación por entidades independientes (algo semejante a la revisión por pares). Sin embargo, la mejor manera de abordar este problema, aunque quizás la más lenta, sea la más científica. La ausencia de constricciones espaciales puede hacer que las publicaciones electrónicas, a diferente de las tradicionales, puedan cumplir estrictamente el método científico en su esencia. Cualquier trabajo publicado en Internet puede contener todos los datos necesarios, no sólo para que sea verificado, sino en algunos casos reproducidos por otros grupos con sólo esa información. La posibilidad de publicar en formatos de complejidad diferente puede hacer que un artículo esté disponible como resumen, con el texto completo y con todas las tablas, imágenes y datos que se han manejado para su publicación, sin que en ningún momento la información sea agobiante, puesto que el lector elige la presentación. Puesto que la publicación es inmediata y las respuestas también lo pueden ser, el artículo queda automáticamente expuesto a la crítica de los colegas de todas partes, los errores pueden quedar rápidamente al descubierto y las correcciones, si son posibles, pueden hacerse de inmediato. La calidad de un artículo quedaría demostrada por el grado de participación conseguido, por su resistencia a las críticas y por la capacidad de rectificación de los posibles errores. En estas condiciones, difícilmente puede sobrevivir, no ya un artículo fraudulento, sino uno sencillamente malo, mal diseñado o equivocado. Evidentemente así la revisión por pares, si no llega a ser totalmente innecesaria, puede convertirse en un mero filtro de las críticas, puesto que la mayor virtud de Internet es también uno de sus puntos débiles, la libertad.

Bibliografía:

  1. Kim P, Eng TR, Deering MJ, Maxfield A. Published criteria for evaluating health related web sites: review. BMJ 1999; 318: 647-649.[Texto completo]
  2. LaPorte RE, Marler E, Akazawa S, Sauer F, Gamboa C, Shenton C, Glosser C, Villasenor A, Maclure M. The death of biomedical journals. BMJ 1995; 310: 1387-1390. [Texto completo]
  3. Delamothe T. Is that it? How online articles have changed over the past five years. BMJ 2002; 325: 1475-1478. [Texto completo]
  4. Public Library of Science
  5. PubMed Central
  6. Revista Electrónica de Medicina Intensiva
  7. Internet Journal of Emergency and Intensive Care Medicine
  8. III Congreso Virtual de Medicina Crítica en Internet
  9. Lista de distribución Mintensiva
  10. Kunst H, Groot D, Latthe PM, Latthe M, Khan KS. Accuracy of information on apparently credible websites: survey of five common health topics. BMJ 2002; 324: 581-582. [Texto completo]
  11. Código HON de conducta
  12. Código de conducta del Colegio de Médicos de Barcelona

Ramón Díaz Alersi
Redacción REMI
©REMI, http://remi.uninet.edu. Febrero 2003.

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