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  Artículo nº 901
 

 

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Revista Electrónica de Medicina Intensiva
Artículo nº 901. Vol 5 nº 10, octubre 2005.
Autor: Antonio García Jiménez

 

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Limitación de medidas terapéuticas en UCI
[Versión para imprimir]

Comentarios: [Lluis Cabré Pericas] [Eugenio de Zayas Alba] [RicardoAbizanda Campos]

Artículo original: Fernández R, Baigorri F, Artigas A. Limitación del esfuerzo terapéutico en Cuidados Intensivos. ¿Ha cambiado en el siglo XXI?. Med Intensiva 2005; 29: 338-341. [Resumen] [Texto completo] [PDF 131 Kb]

Introducción: Cada vez tenemos en nuestras UCI a más pacientes en que por su patología de base, edad o mal pronóstico de recuperación adoptamos la decisión de no incrementar más medidas terapéuticas (órdenes de no-RCP, no intubación, etc.), o bien de retirar dichas medidas cuando su mantenimiento nos parece fútil.

Resumen: En el Área de Críticos del hospital de Sabadell, durante un año completo, a todo paciente que se daba de alta (incluidos los fallecimientos), el equipo médico reflejaba obligatoriamente si dicho paciente había recibido limitación del esfuerzo terapéutico (LET), tanto en la forma de no incrementar medidas o retirarlas; o bien no se hizo ninguna limitación. Sobre un total de 1.510 pacientes se realizó LET en un 10% de los casos. Es de destacar que un 1% de los pacientes ingresados en dicho servicio ya tenían a su ingreso alguna LET. Hubo relación directa entre edad y co-morbilidad con el porcentaje de LET. La LET se asoció a una mortalidad hospitalaria del 88%. De los pacientes que fallecieron en el Área de Críticos el 55% tenían alguna LET.

Comentario: El cambio de mentalidad y actitud en nuestro trabajo en UCI  pasando del planteamiento originario de “intentar salvar la vida de los pacientes a toda costa”, a la actual de “intentar salvar la vida de los pacientes pero sin encarnizamiento terapéutico” ha hecho que cada vez se plantee más en nuestro trabajo la actitud de limitación del esfuerzo terapéutico en sus diferentes modalidades, realizando a veces simultáneamente una “medicina intensiva” y una “medicina paliativa”. La experiencia del Área de Críticos del hospital de Sabadell, donde la mitad de los pacientes que fallecieron tenían algún tipo de LET probablemente se acerque bastante a la realidad de muchas de nuestras UCI.

Antonio García Jiménez
Hospital Arquitecto Marcide, Ferrol, A Coruña
©REMI, http://remi.uninet.edu. Octubre 2005

Enlaces:

  • Cabré L. Síndrome de fracaso multiorgánico y limitación del esfuerzo terapéutico. En: Curso en Internet de sepsis grave. [REMI 2004; 4 (12): C33]

  • Cabré L, Solsona JF y grupo de trabajo de bioética de la SEMICYUC. Limitación del esfuerzo terapéutico en medicina intensiva. Med Intensiva 2002; 26: 304-311. [Resumen] [Texto completo] [PDF]

  • Esteban A, Gordo F, Solsona JF, Alía I, Caballero J, Bouza C, Alcalá-Zamora J, Cook DJ, Sánchez JM, Abizanda R, Miró G, Fernández del Cabo MJ, de Miguel E, Santos JA, Balerdi B. Withdrawing and withholding life support in the intensive care unit: a Spanish prospective multicentre observational study. Intensive Care Med 2001; 27: 1744-1749. [Resumen] [Artículos relacionados]

  • Trenchs V, Cambra FJ, Palomeque A, Balcells J, Seriñá C, Hermana MT, Grupo de Trabajo en Limitación Terapéutica. Limitación terapéutica en cuidados intensivos. An Esp Pediatr 2002; 57: 511-517. [Resumen Medline] [Artículos relacionados Medline] [Texto completo] [PDF]

  • Grupo de Trabajo de la Sociedad Española de Neonatología sobre Limitación de Esfuerzo Terapéutico y Cuidados Paliativos en recién nacidos. Decisiones de Limitación del Esfuerzo Terapéutico en  Recién Nacidos Críticos: Estudio Multicéntrico. An Esp Pediatr 2002; 57: 547-553. [Resumen Medline] [Artículos relacionados Medline] [Texto completo] [PDF]

  • Búsqueda en REMI: "Limitación del esfuerzo terapéutico".

Palabras clave: Limitación del esfuerzo terapéutico, Ética, Cuidados Intensivos.

Comentario: Lluis Cabré Pericas

Es evidente que la LET en los últimos años ha aumentado y se debe a varios elementos. En primer lugar porque ingresamos pacientes que años atrás ni nos planteábamos su ingreso y ahora sí lo hacemos por su buena calidad de vida, y me refiero a los enfermos añosos principalmente. En segundo lugar porque los conocimientos actuales en fisiopatología y la experiencia clínica nos ha hecho pensar en la futilidad terapéutica a medida que avanza el tratamiento que instauramos y su escasa o nula respuesta en algunos pacientes. En tercer lugar y no es una excusa, que la edad media de los intensivistas también ha aumentado, y por tanto su experiencia en el tratamiento de los enfermos críticos ha variado a lo largo del tiempo.

Refiriéndonos a los datos publicados, el trabajo de A. Esteban [1] no contempla la RCP como LET, de ahí que sus datos de LET en los seis hospitales que estudió es alrededor del 33 %, muy por debajo de la literatura internacional publicada. En el artículo de L. Cabré y col. en Intensive Care Med [2], la LET en los pacientes afectos de FMO que fallecen es superior al 70 %. Estos son los datos reales hasta ahora publicados en nuestro país. Los datos individuales de un centro determinado tienen un valor relativo, ya que intervienen muchos factores como por ejemplo si el hospital es universitario o no, si los pacientes están o no en algún estudio de investigación clínica, etc. Es por esto arriesgado decir que la LET en nuestro país es de alrededor del 50% de los pacientes que fallecen. La variabilidad entre hospitales se ha demostrado tanto en el trabajo de A. Esteban como en el de L. Cabré. Así mismo en este último hay también variabilidad de los resultados entre las diferentes comunidades autonómicas del estado español (datos no publicados).

En nuestro centro, SCIAS Hospital de Barcelona, en mas del 90% de los pacientes que fallecen no se practica RCP, por tanto se practica LET. Tan solo en los enfermos coronarios y en alguna otra excepción se practica RCP.

Lo importante del tema no es conocer el “ranking” de cada centro, sino dar datos contrastados con estudios serios para que el clínico pueda tomar decisiones con la mayor certeza posible, y ante todo respetar las preferencias de los pacientes ya sea por sus voluntades previas amparadas por la legislación vigente en nuestro país o por lo que nos trasmiten sus allegados en cuanto a las preferencias del enfermo se refiere.

Por último, no hay que confundir la “medicina paliativa” con una muerte con dignidad y sin sufrimiento. Esto último es solo una pequeña parte de la “medicina paliativa”, que se encarga fundamentalmente de enfermos terminales de media o larga evolución, y no de enfermos críticos y por tanto a “priori” recuperables.

Enlaces:

  1. Esteban A, Gordo F, Solsona JF, Alía I, Caballero J, Bouza C, Alcalá-Zamora J, Cook DJ, Sánchez JM, Abizanda R, Miró G, Fernández del Cabo MJ, de Miguel E, Santos JA, Balerdi B. Withdrawing and withholding life support in the intensive care unit: a Spanish prospective multicentre observational study. Intensive Care Med 2001; 27: 1744-1749. [Resumen] [Artículos relacionados]

  2. Cabré L, Mancebo J, Solsona JF, Saura P, Gich I, Blanch L, Carrasco G, Martin MC; and the Bioethics Working Group of the SEMICYUC. Multicenter study of the multiple organ dysfunction syndrome in intensive care units: the usefulness of Sequential Organ Failure Assessment scores in decision making. Intensive Care Med 2005; 31: 927-933. [Resumen] [Artículos relacionados]

Dr. Lluis Cabré Pericas
SCIAS. Hospital de Barcelona
©REMI, http://remi.uninet.edu. Octubre 2005

Comentario de Eugenio de Zayas Alba

Limitable: Suceptible de ser medido, parecería sencillo si la discusión se torna en el ámbito de lo calculable, de lo aceptado para establecer responsabilidad sobre capital estructurado, o para delimitar lo acertado de un entendimiento en cuanto a límite de una región o territorio, pero nada más difícil que cuando el término involucra al hombre limitando su esfuerzo por la vida del semejante o tratando de establecer cuando merece o no, bajo el escudo de "sabernos abanderados" de beneficencia y "armados" de la justicia que proclaman las voces contemporáneas.

La oportunidad de interrupción de un tratamiento sigue siendo resorte de decisión médica, y como tal, una aplicación técnica de sus conocimientos legal y legítimamente adjudicada por la sociedad, pero la indagación acerca del por qué y del para qué hacerlo, pueden llegar a hacer problemas éticos, si se evalúan las posibles causas que fundamentan la determinación, es decir, si están basadas en problemas humanitarios, médicos, legales, medico-econométricos, o por la posibilidad y necesidad de provisión de procuradores de órganos para transplante. Rememoremos el modelo médico hegemónico de los siglos XVIII y XIX que aclaraba la relación asimétrica de poder entre el médico y el paciente hasta la actualidad que pretende reemplazar a este último por un modelo pragmático que teóricamente equipara la relación, pero en el cual la mercadotecnia ha logrado transferir y desviar en el inmaginario popular la antigua confianza del paciente hacia el médico a la "excelencia" de las instituciones de salud y finalmente hacia la tecnología [1].

Cuanto más nos acercamos a los conceptos de futilidad y distancia más discutimos el término de "limitación del esfuerzo terapéutico" (LET) en nuestras unidades de terapia intensiva, y llevamos en muchas ocasiones el traje bioético de la defensa en pro de enaltecer nuestras convicciones. Recordemos el juramento hipocráctico que afirma "He venido en beneficio del paciente para liberarlo de toda injusticia y de todo agravio".

Así como la autonomía del paciente crítico se relaciona con su nivel de competencia tiene también en algunos casos la LET espacios de controversias sin encontrar el punto común, ¿No asistimos pacientes con ahorcamientos incompletos o intoxicaciones exógenas con ánimo suicida?, sin duda alguna cualquiera de nosotros comenzaría su reanimación independientemente del nivel de gravedad o pronóstico en su evaluación inicial aún conociendo el deseo expreso o manifiesto del que asistimos, o sea, se contrasta la autodecisión del paciente con el actuar profesional.

Coincidimos con Cabré Pericas que la tendencia a limitar realmente va en ascenso no solo por la visión mas amplia de nuestra política de ingresos o la experiencia adquirida, sino por la creciente corriente actual de proporcionar la calidad de vida con la calidad de muerte.

En nuestro hospital, mas del 70% de los que fallecen han tenido alguna forma de limitación del esfuerzo terapéutico, siendo la orden de No-RCP la decisión de consenso mas prácticada.

La futilidad se usa de varias formas y la decisión del médico para suspender o terminar la resucitación es justificada solamente cuando es inútil en el estricto sentido de la palabra [2, 3]. Por otra parte, el término inútil se maneja para situaciones menos objetivas y no justifican las decisiones de los médicos para suspender la RCP [4]. Si asistimos a un paciente adolescente con estado vegetativo persistente y presenta un paro cardiaco, la RCP no restaurará la función cerebral, aunque puede restablecer la circulación y permitir sobrevida a largo plazo, o sea se habla de inutilidad cuando las metas importantes del cuidado no pueden alcanzarse, aunque otras metas significativas puede que sí se alcancen. Los médicos discuten la No-RCP más frecuentemente en los pacientes con SIDA o cáncer que con los pacientes con enfermedad arterial coronaria, cirrosis, insuficiencia renal crónica y otras enfermedades con un pronóstico similar, infausto [5].

Insistimos, y ha sido una experiencia fructífera a lo largo de la practica médica con nuestros enfermos graves, que para limitar hay que informar, no puede haber duda alguna de nuestro actuar, el intensivista debe transmitir la condición del enfermo, su pronóstico, la naturaleza de la RCP, el posible resultado, el riesgo y la probabilidad de muerte y esto comunicarse a todos los profesionales involucrados en el cuidado del paciente. Debemos dejar claro que las órdenes de no reanimar o No-RCP representan un eslabón del plan terapéutico pero no conlleva implicaciones inherentes para limitar otras formas de tratamiento. La admisión a una unidad de cuidados intensivos para el cuidado que se provee no es necesariamente inconsistente con una decisión de no intentar la RCP en el caso de un paro. La admisión de los pacientes con órdenes de no reanimar en UCI puede ser adecuada cuando el cuidado fuera de ella es difícil o imposible por razones de transporte y abastecimiento, o cuando un problema en potencia reversible y temporal se desarrolla en un paciente con una enfermedad irreversible de fondo [6].

En nuestras unidades de graves la limitación del soporte vital solo se justifica cuando:

  1. Es el estadio final de enfermedad mortal donde el paciente está permanentemente inconsciente.

  2. El tratamiento continuo excede el beneficio que se proporciona.

  3. La evidencia científica sugiere que las probabilidades para una reanimación exitosa son remotas.

  4. Existe información y consenso familiar.

Aunque limitar y negar parecen desde el punto de vista ético iguales, no necesariamente priva de aliviar o calmar,  todo lo contrario, exige trabajar con un alto grado de humanismo. El paciente consciente o inconsciente en la última fase de una enfermedad incurable debe tener un cuidado que asegure su comodidad y su dignidad [7].

Claro, que lo importante no es recoger datos estadísticos aislados y de hecho conocemos lo difícil de llegar a una mirada común en este aspecto bioético, depende de la experiencia clínica, la austeridad profesional, patrones socioculturales, principios ético-legales, consenso y comunicación terapeuta-familiar y selección del nivel de cuidado. El intensivista moderno no debe limitar su esfuerzo de curar por miedo a paliar, su condición de traspolar lo curativo a paliativo no lo minimiza en modo alguno, sino que le brinda una oportunidad profesional que solo recompensa al que sufre y al que familiarmente comparte ese dolor.

Bibliografía

  1. Fraiman H.D. Ética biomédica y paradigmas sociales. Revista Neurológica Argentina 2004; 29: 50-54.

  2. Areen J. The legal status of consent obtained from families of adult patients to withhold or withdraw treatment. JAMA 1987; 258: 229-235.

  3. Lo B. Unanswered question abaout DNR orders. JAMA.1991; 265: 1874-1875.

  4. Youngner SJ. Who defines futility? JAMA 1988; 260: 2094-2095.

  5. Wacher RM,Luce JM, Hearst N. Lo B. Decision about resuscitation:inequities among patients with different diseases but similar prognoses. Ann Intern Med1989; 111: 525-532.

  6. Edwards BS.Does the DNR patient belong in the ICU? Crit Care Nurs Clin North Am 1990; 2: 473-480.

  7. Wanzer SH, Federman DD, Adelstein SJ, et al. The physician´s responsibility toward hopelessly ill patients:a second look. N Engl J Med1989; 320: 844-849.

Eugenio de Zayas Alba
Gilberto Betancourt Betancourt
Mª Carmen Millares
Hospital Universitario MAD, Camaguey (Cuba)
©REMI, http://remi.uninet.edu. Octubre 2005

Comentario de Ricardo Abizanda Campos

Me parece profundamente interesante, y educativo, que nuestra preocupación por evitar la futilidad, y con ella el sufrimiento estéril e innecesario de pacientes y allegados, empiece a salir a la luz del sol, sin miedos y sin complejos. Es ilustrativo ver como este tipo de consideraciones tiene cada vez mayor presencia en las publicaciones y en las presentaciones en reuniones científicas (Congresos). Espero no perderme en mi exposición, porque hay varios aspectos que me gustaría comentar, al respecto del comentario referenciado, del artículo que le da origen, y de la acertada contribución de Luis Cabré.

Primer aspecto: El que empecemos a hablar de ello, ¿quiere decir que es ahora cuando empezamos a ser conscientes del problema?. Evidentemente, no. Hace ya mucho tiempo que los intensivistas somos muy celosos de limitar aquellas actitudes asistenciales a las que no vemos posibilidades de ofrecer al paciente reales posibilidades de mejoría o supervivencia. Lo que sucedía es que no lo decíamos. O lo ocultábamos (lamentablemente) o nos lo callábamos. El tiempo no pasa en balde, que dirían los líricos, y esta actitud ha cambiado. No solo lo contamos, sino que lo informamos y lo publicamos. Desde 1996, en que se recogieron los datos del estudio publicado por Esteban y col. [1] (uno de los cuales fui yo) hasta la actualidad, la actitud respecto a la transparencia de nuestras decisiones ha cambiado meridianamente. En nuestra unidad, existe (desde hace 3 años) una hoja de recogida de acuerdos entre el médico y los implicados (pacientes o allegados, caso de que el paciente no sea competente) en la que se recoge el consenso sobre qué actitudes pueden / deben limitarse por acuerdo entre ambas partes. Desde ese momento, no hemos registrado ninguna queja / protesta por las actitudes de LET llevadas a la práctica (ese es el gran miedo que se argumentaba para recomendar el ocultismo), con independencia de cual de las dos planteaba la posibilidad de limitar el esfuerzo asistencial.

Segundo aspecto: El tiempo de práctica profesional, la experiencia, el conocimiento y el desarrollo tecnológico,  han permitido que nuestra actitud al plantear / proponer / aceptar la LET tenga meyores y mejores bases de decisión. Esto se refleja en dos aspectos complementarios y no contradictorios. El primero el incremento de los porcentajes de LET [2, 3] en los pacientes que al final fallecen y la aceptación que en determinadas situaciones estos porcentajes son mayores que en el promedio [4] (Trabajo de Cabré y col. sobre LET en enfermos con disfunción multiorgánica, en el que también colaboramos). El otro, el hecho de que tras la decisión de LET se han incrementado los tiempos entre toma de decisión y fallecimiento efectivo [1, 2, 4] y el hecho de que algunas LET son dadas de alta vivos a planta [2, 5]. Esto refleja una mayor claridad de ideas, y un mayor soporte social y científico a este tipo de decisiones. Los incrementos de tiempo reflejan una mayor precocidad en la identificación de pacientes con escasas o nulas posibilidades de supervivencia, y eso es efectividad y eficiencia (menores costes de estancias no futilmente prolongadas). La supervivencia de pacientes en los que se pactó LET (fundamentalmente respiratorios crónicos poliingresados en los que se toma la decisión de no someterles de nuevo a intubación orotraqueal y ventilación invasiva) representa la efectividad de nuevas estrategias terapéuticas (ventilación no invasiva).

Tercer aspecto: Se está asistiendo (en las unidades que lo computan) [2, y datos no publicados de la SFR] a una estabilización de las tasas de LET / fallecidos totales, con las diferencias que entre los distintos trabajos establecen los diferentes criterios de inclusión (consideración de RCP, case-mix, etc.). Esto puede ser indicativo de que estamos llegando "al techo" de nuestra capacidad de indicar LET. Siempre persistirán los fallecidos de forma no esperada, las estancias menores de 24 horas, los traumatismos, etc. Y su distinta representación porcentual marcará la cifra total de LET efectiva. No se puede comparar este tipo de información tranversalmente sin considerar el IC 95 % (estamos hablando de una proporción - OR o RR). Ni siquiera la comparación longitudinal (una sola UCI, distintos períodos) es válida sin considerar estos márgenes de variación.

Cuarto aspecto: Confundir "medicina paliativa", "medicina intensiva", "cuidados intensivos", "encarnizamiento", etc., no solo es una grave equivocación sino que además tiene posibles implicaciones que serán siempre nefastas para nuestra especialidad. La Medicina Intensiva atiende a pacientes en situación crítica, con riesgo real o posible de muerte, y potencialmente reversibles y recuperables. Otra cosa, no es Medicina Intensiva. Nunca se puede hablar de encarnizamiento en pacientes potencialmente reversibles.

Quinto aspecto: Algunos de los datos de nuestra experiencia, presentada en nuestro Congreso Nacional de 2005 y en el de la ESICM del mismo año, pueden ser consultados en los resúmenes publicados en Medicina Intensiva e Intensive Care Medicine (pendientes de publicación definitiva) [2].

Bibliografía:

  1. Esteban A, Gordo F, Solsona JF, Alía I, Caballero J, Bouza C, Alcalá-Zamora J, Cook DJ, Sánchez JM, Abizanda R, Miró G, Fernández del Cabo MJ, de Miguel E, Santos JA, Balerdi B. Withdrawing and withholding life support in the intensive care unit: a Spanish prospective multicentre observational study. Intensive Care Med 2001; 27: 1744-1749. [Resumen] [Artículos relacionados]

  2. Abizanda R, Reig-Valero R, Bisbal-Andrés E, Mas-Font S, Sánchez-Morán F, Madero-Pérez J, Iranzo-Velasco J. Therapeutic effort limitation. The evolution of an attending an ethical attitude. Intensive Care Med 2005; 31 (Supl 1); S378. Abizanda R, Reig R, Sánchez F, Madero J, Monferrer J, Bisbal E, Mas S, Iranzo J. Limitación del esfuerzo terapéutico (LET). Evolución de una actitud asistencial y ética. Med Intensiva 2005; 31: 29 (Supl 1).

  3. Sprung CL, Cohen SL, Sjokvist P, Baras M, Bulow HH, Hovilehto S, Ledoux D, Lippert A, Maia P, Phelan D, Schobersberger W, Wennberg E, Woodcock T; Ethicus Study Group. End-of-life practices in European intensive care units: the Ethicus Study. JAMA 2003; 290: 790-797. [Resumen] [Artículos relacionados] [Texto completo (gratis, requiere registro)]

  4. Cabré L, Mancebo J, Solsona JF, Saura P, Gich I, Blanch L, Carrasco G, Martin MC; and the Bioethics Working Group of the SEMICYUC. Multicenter study of the multiple organ dysfunction syndrome in intensive care units: the usefulness of Sequential Organ Failure Assessment scores in decision making. Intensive Care Med 2005; 31: 927-933. [Resumen] [Artículos relacionados]

  5. Fernández R, Baigorri F, Artigas A. Limitación del esfuerzo terapéutico en Cuidados Intensivos. ¿Ha cambiado en el siglo XXI?. Med Intensiva 2005; 29: 338-341. [Resumen] [Texto completo] [PDF 131 Kb]

Ricardo Abizanda Campos
Hospital General de Castelló
©REMI, http://remi.uninet.edu. Octubre 2005

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última modificación: 01/07/2007